Existen tres palancas claves que impulsan las metodologías ágiles, la primera es la planificación, la segunda la comunicación y la tercera el control preventivo, las que en conjunto movilizan de manera concreta la productividad de los equipos de trabajo.
Desde la Planificación resulta clave establecer ciclos cortos de trabajo, con objetivos claros y retrospectivas frecuentes que permitan al equipo identificar oportunidades de mejora. El foco en las personas y la comunicación continua son pilares fundamentales para lograrlo, dado que la comunicación fluida además de permitir mantener la coordinación al interior de los equipos, si está fundada en información de valor (datos claros y preciso) optimiza la toma de decisiones oportunas, además de ejecutiva dando fluidez al movimiento de los eslabones que conforman los equipos de trabajo.
Finalmente, para que lo anterior ocurra se debe contar con información provista desde el control, el que claramente debe ser anticipado a fin de facilitar la calibración, ajustar desviaciones, reafirmar el curso e incluso modificar planes antes de que se cierren las ventanas de oportunidad para construir el resultado buscado. Es por ello que, el sistematizar en base a indicadores precisos las rutinas de control, resulta de una alta contribución para lograr la productividad buscada en cada uno de nuestros equipos de trabajo.